El domingo pasado Roger Federer logró un triple triunfo. Ganó por sexta ocasión el torneo de Wimbledon, recuperó el primer lugar del ranking de los tenistas profesionales y se convirtió en el jugador con mayores triunfos de torneos de Grand Slam en la historia.
La hazaña hubiera sido visto como improbable apenas hace un año, cuando Federer perdió el liderazgo en el ranking y parecía no poder derrotar a su gran oponente, Rafael Nadal.
Pero los verdaderos campeones son los que aprenden más de las derrotas que de los triunfos. Quien sólo sabe ganar, quien se desespera al perder, quien tira la toalla ante las dificultades está condenado al fracaso a pesar de todos los logros que haya obtenido.
El ejemplo de Federer podría ser muy útil para el presidente Calderón. Él también se la jugó el domingo, pero a diferencia del tenista, sí perdió y fuerte. En dos meses será el presidente de México con menor número de diputados de su partido en toda la historia. Además de los problemas que ya estaba enfrentando, ahora le toca lidiar con gobernadores opositores empoderados y confiados de poder movilizar a la ciudadanía. Y por si fuera poco, al interior de su propio partido hay descomposición y críticas, como la que ha publicado el boquiflojo de Vicente Fox, siempre tan inoportuno para hacer declaraciones no pensadas y sin tino.
Ante ese escenario, Felipe Calderón parece tener solamente dos alternativas. La primera es no hacer nada, nadar de muertito y seguir como si las cosas siguieran igual. Esto creará un vacío de poder aún mayor, con consecuencias poco favorables para el país y una inacción política mayúscula, con un poder legislativo revuelto y un presidente encerrado en su oficina, ambos aventándose dardos y culpándose mutuamente del desorden.
La segunda opción es enfrentar cabalmente el nuevo escenario. Tragarse el orgullo y corregir todo lo que sea necesario. Negociar, y en algunos casos plegarse, a lo que sugiera el nuevo Congreso. Exigir cosas a cambio. Trabajar conjuntamente por tener el mejor término de sexenio posible.
Hoy Calderón no tiene nada que perder y todo por ganar. Puede estar seguro que entregará la banda presidencial a una persona de un partido que no es el suyo. En sus manos está que lo haga correctamente o en un escenario de crisis mayor y casi guerra civil.
Ojalá el presidente haya visto a Federer. A todos nos conviene que aprenda la lección.
Quality, scale and the regular kind
Hace 1 hora.


