martes, noviembre 10, 2009

Dirigir, conducir, liderear

La única forma de dictadura apreciada contemporáneamente es la del director de una orquesta.

La leyenda es que el director suele ser un personaje imponente e impositivo, absolutamente concentrado en su objetivo final, que es producir orden a partir del caos, música donde sólo habría ruido. No transige, grita, su temperamento es explosivo, impulsivo, hiperbólico.

Por algo los directores han inspirado tantas y tantas historias en la cultura popular: cuentos, obras de teatro, películas (¿recuerdas Ensayo de Orquesta de Fellini?, todo un tratado de relaciones humanas).

Pero como en la vida, en la música hay muchos estilos de dirigir y de ser líder de un grupo. Esto lo demuestra brillantemente Itay Talgam, que en una presentación en TED.com muestra que la conducción de orquesta es un magnífico ejemplo de cómo el liderazgo, más que una ciencia, es un arte muy determinado por la personalidad de quien dirige:

martes, noviembre 03, 2009

Lévi-Strauss: el último de los grandes filósofos

Un experto sabe todas las respuestas. Si le planteas las preguntas
correctas
. Claude Lévi-Strauss


Informa Reforma en Internet que el día de hoy murió a los 100 años Claude Lévi-Strauss.

Él era el sobreviviente de la gran generación de filósofos que dominó el pensamiento del siglo XX. Con Lévi-Strauss aprendimos a ver por debajo de las superficies; fue quien quizá mejor aplicó a las ciencias humanas el legado de los "grandes maestros de la duda": Freud, Saussure, Marx, Peirce, que nos enseñaron que las realidades no son lo que aparentan, sino complejas tramas de significados ocultos que hay que descifrar e interpretar.

Personaje emblemático del estructuralismo, Lévi-Strauss dejó un legado enorme en su andar intelectual enciclopédico. Como su formación académica, que combinó estudios de leyes y filosofía, con especializaciones posteriores en etnografía, lingüística y sociología, su saber tendió redes a prácticamente todos los confines de las ciencias humanas.

lunes, noviembre 02, 2009

De osos y toros

Los inversionistas norteamericanos tienen dos términos para referir las etapas al alza y a la baja en el mercado de valores de NY. A las épocas de bonanza les llaman "toros"; a las de contracción, como la que ahora parece estar terminando, les dicen "osos".

Pues bien, me llega por internet un escueto análisis del comportamiento de osos y toros en los últimos 40 años, desde 1969 hasta ahora.

En ese período se han registrado 7 osos, con una duración promedio de 15 meses y aconteciendo en promedio cada 5 años y medio. Hay un mismo número de toros, con la misma frecuencia de ocurrencia, aunque con una duración mayor: 52 meses.

La gran diferencia es el saldo de una y otra tendencia. Si bien los osos han provocado en 40 años un declive promedio de -31.3%, los toros llevan al mercado a incrementarse en promedio un 171%.

Moraleja: es cierto que la bolsa es para largos plazos. Segunda moraleja: si es necesario vender, lo mejor es hacerlo a mitad del período del toro.

domingo, noviembre 01, 2009

And in the end...


Los productores de ER decidieron titular el último capítulo de la serie con el nombre de la canción de los Beatles. Y al final, fue como el principio; de hecho, los fanáticos del programa pudimos reconocer en el último episodio varias referencias al programa inicial.

ER no fue el primer programa sobre médicos. Desde siempre la televisión ha tomado a los doctores y los hospitales como uno de sus temas favoritos. Tampoco fue la primera serie secuencial; ese formato se recurrente en la televisión norteamericana. Ellos no tienen telenovelas, pero sus series suelen desenvolverse con tramas en torno a varios personajes que salen y entran en distintos momentos climáticos.

La singularidad de ER fue haber captado la humanidad de la vida en un hospital, con todos sus tintes melodramáticos. Desde luego hubo héroes y heroinas, pero nunca fueron acartonados; aún los más emblemáticos sufrieron problemas y cometieron errores. Como los médicos en la vida real salvaron vidas, pero también las perdieron.

Además el diseño de producción fue muy innovador y no repetitivo. Algunos capítulos recurrieron a ritmos frenéticos, que dejaban al espectador exhausto por los movimientos de cámara, la edición y la interacción de los personajes. Otros, en cambio, eran apacibles, lentos y pausados. Si hubieran sido musicales, unos serían valses y otros tango, unos rap y otros baladas, unos sinfonías y otros trios de cuerdas.

Otra cosa asombrosa fue la construcción de los personajes y el casting para buscar quién los representara. Difícilmente hubiera sido pensable alguien más que encarnara a uno u otro de los médicos, las enfermeras y los pacientes. No en balde el programa se volvió un imán para que aparecieran en papeles especiales una gran cantidad de artistas renombrados.

Además, el guionismo y la técnica de producción casi cinematográficos siempre le dio un toque especial.

Con todo, fue una decisión inteligente terminar la serie. Sus mejores días ya habían pasado, quizá desde la gran temporada en que el personaje principal, Mark Greene, murió de cancer cerebral. Su último capítulo fue un verdadero tratado de guionismo. Fue nuevamente emotivo ver algunas escenas memorables en el programa especial que precedió al episodio final.

Ahora queda la leyenda. Una de las series más largas y más premiadas de la historia de la televisión. Un triunfo de los arriesgados productores que, contra todos los pronósticos, salieron adelante y lograron captar por quince años la atención del público de decenas de países que, como en México esta semana, disfrutamos por última ocasión nuestro programa favorito.

viernes, octubre 30, 2009

El gran descomunicador

A Ronald Reagan le decían "el gran comunicador". En efecto: uno de sus talentos era ser convincente, hablaba en términos sencillos incluso de cosas complejas, aún de las que su limitado intelecto le permitía comprender. Y lograba persuadir. Sus partidarios quedaban convencidos que había que apoyar sus ideas; sus contrarios respetaban la argumentación, aunque no estuvieran de acuerdo con el fondo. La ciudadanía se sentía tomada en cuenta, apoyada bajo un liderazgo, intercomunicada.

Exactamente lo contrario pasa con los presidentes mexicanos. Personas distintas en cada sexenio comparten el mismo vicio por empeñarse en descomunicar, en alinear el entendimiento y provocar confusión, rechazo, incertidumbre.

Ahora le toca a Felipe Calderón. En su desquiciada estrategia por vender su plan fiscal para 2010 ha caido una y otra vez en exabruptos y errores. El más reciente es arremetar contra el empresariado argumentando que no pagan impuestos, "como un dentista o un trabajador". ¿Qué ha provocado? Una animadversión general:

- Desde luego los empresarios están molestos por la generalización y ya contestaron que el Presidente debería ser más cuidadoso antes de hablar.

- Los partidos de oposición encuentran territorio abonable y ahora demandan la lista de los evasores. Su razonamiento, válido, es que no puede acusarse anónimamente. Ya han anunciado que si no se ofrecen nombres tendrán otro motivo más para tomar la tribuna de la Cámara de diputados.

- Los colaboradores del gabinete tienen que hacer malabares argumentales para enmendar el dicho presidencial (tipo los del vocero de Fox: "lo que el presidente quizo decir"). Ya Carstens tuvo que salir al quita para decir que algunos empresarios aprovechan los huecos de la legislación fiscal para pagar menos de lo que deberían. No incumplen con la ley, pero la ley está mal. Lo cual lleva a un siguiente problema: ¿por qué entonces el Ejecutivo no propone cambiar la ley?

¿Qué buscaba Calderón? Quizá el apoyo popular al pegarle a un gremio que no goza de la mejor imagen pública. Pero su catarsis, además de no lograr el efecto esperado aliena sensiblemente la necesaria colaboración sectorial para salir de la crisis.

Y a fin de cuentas: más incertidumbre, más descordinación, menos esfuerzo concertado.

miércoles, octubre 28, 2009

Las zapatillas del emperador

En el cuento clásico, por miedo nadie se atrevía a decirle al emperador que estaba desnudo. Hasta que un niño inocente le hizo notar su error.

En el caso del emperador López Obrador, ya varias veces ha "bateado" interrogantes sobre su estilo de vestir y de vida, bastante alejado de la austeridad que presume.

Ahora toca la exhibición del hijo del mesías, que acude a los mítines con los que su padre desquicia al DF luciendo sendos zapatos deportivos de marca importada y alto costo:



¿Qué dirá al respecto el autollamado salvador de los pobres? Puede que argumente, cínicamente, que los zapatos nos son tan caros porque son piratas, lo cual sería muy congruente con la actitud que ha mostrado el Peje ante la ley.

Citando a Chico Che, también tabasqueño: ¿quién pompó chapatito?

martes, octubre 27, 2009

Deveritas que esta es la buena

¿En qué se parece Microsoft a un partido político? En que cada vez que saca una nuevo producto, promete que ahora sí no habrá problemas.

Millones de usuarios caímos en la trampa del Windows Vista, quizá el mayor fracaso de los fracasos de la compañía de Bill Gates.

Ahora se supone que con Windows 7 sí llegaremos al Nirvana prometido. Claro que para verificarlo hay que gastar entre 150 y 300 dólares de actualización. Lo menos que podrían hacernos es darlo gratis a quienes ya padecimos el Vista.

Por eso Apple encuentra la situación propicia para producir otro de sus comerciales sarcásticos, ahora sobre las promesas no cumplidas con el sistema operativo Windows: